Esta semana los candidatos revelaron sus fórmulas vicepresidenciales. Y como siempre en Colombia, lo que dicen en público y lo que están haciendo son dos cosas completamente distintas.
Iván Cepeda eligió a Aida Quilcué, senadora indígena del pueblo Nasa. El manual es conocido: copiar la fórmula Petro-Márquez, apostarle a la representación de una minoría históricamente marginada para construir narrativa. El problema es que ese truco ya lo vimos. Francia Márquez terminó con un ministerio de contentillo —el de la Igualdad— sin presupuesto real, sin incidencia en las decisiones que importan y básicamente invisible después de la posesión. ¿Alguien cree honestamente que esta vez será diferente?
Abelardo de la Espriella apostó técnico con José Manuel Restrepo como fórmula — ex ministro de Hacienda, ex rector, con credenciales reales. Buen papel. El problema es que como buen rolo, tiene más ritmo un paro cardiaco que José Manuel. El anuncio en Cali fue la cosa más fría que uno puede imaginar para un evento que debería generar entusiasmo. Y encima el fantasma de Duque sigue ahí, rondando. Restrepo hizo bien su trabajo en el gobierno anterior — eso en la memoria colectiva colombiana no siempre es un activo.